EL
VALLE DEL COLCA
Extracto del artículo
de Mauricio de Romaña en Rumbos, Vol. II, Pág
8
Desde que fuera recorrido por los exploradores
Shippee y Johnson de la Sociedad Geográfica de
Nueva York, en 1931, el Colca ha recibido diferentes
designaciones. Ellos lo denominaron «El Valle
Perdido de los Incas», apreciación sugestiva
que compite con el título que le confirió
el escritor Mario Vargas Llosa, 64 años después:
«El Valle de las Maravillas».
El origen de este valle se debe a una falla de la corteza
terrestre, erosionada por miles de años por el
río más largo de la costa peruana. El
río Colca llega a profundidades de hasta 3,400
metros en ambas laderas y más de 200 kilómetros
de longitud.
El lugar fue habitado desde las remotas épocas
del hombre andino, que dejaron sus testimonios en cuevas
o abrigos, con sus pinturas rupestres y petroglifos,
así como puntas de flechas y raspadores de obsidianas,
entre otros utensilios.
Posteriormente (hace 1,400 años), Collaguas (aymaras
de origen tiahuanaco) y Cabanas (de origen quechua),
dos etnias preincaicas de gran desarrollo en ingeniería
agrícola, tallaron 8 mil hectáreas de
terrazas en taludes del cañón, para poder
cultivar y manejar el riego. Estas aún son utilizadas.
Como testimonios de la importancia de este valle, quedan
de la conquista española 14 pueblos que se planificaron
desde La Madre Patria hasta en sus mínimos detalles.
De pronto, ocurrió un curioso e inexplicable
fenómeno. El Colca desaparece literalmente del
mapa y reaparece en la década del setenta.
Toda su riqueza natural y cultural se borra como por
arte de magia durante más de dos siglos, permaneciendo
inalterables sus costumbres, tradiciones, tecnología
y cultivos de extraordinario material genético
(como papa, maíz, quinua, maca, oca o isaño).
Valores científicos y culturales del siglo XVII
que hoy se puede admirar y estudiar.
Recién en 1985 el Colca se presenta al turismo,
al haberse construido carreteras y utilizado la infraestructura
del Proyecto Majes. En estos 17 años, ha sido
visitado por muchas personas, como pioneros turísticos,
que difundieron tanto la historia del Colca como la
magnitud de su paisaje.
Sea que se le recorra a caballo, en bicicleta, automóvil
o bote, siempre será una magnífica oportunidad
para observar en el trayecto elegantes vicuñas,
ariscas tarucas (ciervo andino), el vuelo del majestuoso
cóndor y las piruetas del picaflor andino (el
más grande que existe). También para apreciar
sus flores, cactus y árboles de especiales características
adaptados a las grandes alturas.
Igualmente para dejarse encantar por sus volcanes en
plena actividad, géiseres y aguas termales; por
la bella arquitectura de sus poblados, ingeniosos canales
y puentes; y por sus pobladores hospitalarios y sinceros.
Sin duda, los pueblos de mayor interés son Maca,
Yanque, Lari y Coporaque. Este último tiene la
iglesia más antigua del siglo XVII y la tradición
de haber existido un palacio de cobre mandado a construir
por el inca Mayta Cápac, para una de sus esposas.
Después el metal fue utilizado para las herraduras
de los caballos, y al llegar los primeros curas, para
fundir una campana.
Muchos de los templos de la zona son de excepcional
calidad arquitectónica, como lo indica el profesor
Francisco Stastny, quien estudió y catalogó
todas las piezas de arte existentes en todas las iglesias.
La iglesia de Yanque, sede principal de los misioneros
Franciscanos en el Valle, constituye uno de los monumentos
más importantes del estilo mestizo.